He vivido la enseñanza desde el corazón, dándome cuenta de que cada niño debe ser tratado individualmente
Comprendí lo importante que era mi profesión al pensar que aquellos niños serían nuestros futuros médicos, enfermeros, abogados... ¿y por qué no? carpinteros, fontaneros.... y todas aquellas profesiones que hacen posible que nuestra sociedad funcione.
Me di cuenta de que la educación significaba conseguir el desarrollo integral de mis alumnos, porque aunque con la educación no se solucionan todos los males de la sociedad, una buena formación profesional y sobre todo personal de sus individuos consigue, a la larga, mejorarla.
Siempre sentí inquietud frente a las reformas de las leyes, cursillos y todo aquello que pudiera ponerme al día. Traté de ser sincera con todos y sobre todo conmigo misma, tanto al vivir los buenos momentos como otros llenos de dificultades. Procuré inculcar en mis alumnos valores y conocimientos que les formaran como personas y les hicieran más libres.
Por eso, cuando me encuentro con alumnos como Julio y muchos otros con los que aún hablo, me alegra pensar que mi trabajo no ha sido estéril, que algo de mi trabajo personal ha calado en esas promociones que he tenido la suerte de ayudar a formar, enriqueciéndome
Para mí, ser Maestra, implica ante todo vocación y creo que es una de las profesiones más gratificantes que conozco.
Siempre fui consciente de que la Escuela Pública era la única oportunidad de formarse que tenían la mayoría de mis alumnos y por eso, después de dedicarme a ella durante 40 años de mi vida, sigo pensando que, aunque la educación es una inversión a largo plazo, es fundamental apoyar la Escuela Pública para que pueda llegar a todos.
No hay que tener nostalgia de tiempos pasados, pero sí intentar no perder lo conseguido con tanto esfuerzo y hacer notar a todos los gobernantes que la educación tiene que estar al alcance de todos para no aumentar las desigualdades.